Dar

Dar es algo precioso, una virtud que debe pulirse con mucho cariño y humildad. Además, todos, con más o menos naturalidad, podemos practicar y/o aprender el arte de la generosidad. Nunca es demasiado tarde ni demasiado pronto para darse cuenta de la gran responsabilidad que ello implica. Me explico: cuando ofrecemos «algo» (y ese algo puede significar de todo y más, desde algo inmaterial, como el tiempo, a algo material, como un plato de comida) podemos generar emociones positivas en los demás. En efecto, el hecho de poder mejorar el día, o un trocito de éste, de otra persona conlleva un cierto grado de responsabilidad. Visto al contrario, el poder influir en dibujar una sonrisa en el rostro de alguien y el no hacerlo se traduce en dejar pasar una oportunidad única para hacer a otras personas un poco más feliz.

 

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Todos somos responsables, en cierto grado, del bienestar de las personas que nos rodean.

No hay edad máxima ni mínima para ganar consciencia en este ámbito. Tampoco hay reglas ni límites. Cualquier cosa o acto que pueda interpretarse o sentirse como una muestra de cariño es válida. Por otra parte, la generosidad tiene una gran amistad con la gratitud, otra virtud que deberíamos practicar a menudo.

Todo empieza con nuestra familia, en casa, y poco a poco se va extendiendo hacia todo lo que nos rodea a lo largo de nuestra vida. Podemos sentirnos agradecidos al ver el sol o al oler la tierra mojada durante una noche lluviosa. También por tener comida en nuestra mesa o por poder dormir bajo un techo cada noche. Podemos maravillarnos en gratitud al ver cómo las personas que nos quieren se esfuerzan por hacernos felices, incluso de la manera más rutinaria que conocemos. Hay un sinfín de maneras en las que podemos  deslumbrarnos por los sentimientos y sensaciones tan bonitas que el dar y el recibir pueden hacernos sentir.

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No obstante, dar no siempre implica recibir, y esto es bonito también. Ser capaces de poder ser generosos de un modo incondicional y puro es un regalo único. Y es que dar puede, por sí mismo, hacernos disfrutar y llenar nuestro corazoncito de un gozo infininto.

¡Demos con gusto y practiquemos la magia de la gratitud!

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