Vida

Iba corriendo por las calles de un nuevo mundo en el que la magia se había convertido en mi mejor amiga. Recuerdo que me encantaba todo. Me atrevería a decir que salía de algún sitio del que ya me he olvidado. Hacía frío y me sentía muy viva mientras el ambiente fresco me mantenía consciente del movimiento desigual de mi cuerpo. El olor a lluvia reciente decoraba la estampa y me hacía sentir todavía más inmersa en aquel sueño sin principio, final ni partes a medias.

Quería explorar y ponerme a cantar en cada callejón sin demasiados coches pero con muchas historias. Me parece recordar haber visto luces o luciérnagas, palacios y castillos. El lugar estaba adornado con muchos brillos que me hacían sentir a gusto, en paz y en casa. Era un sitio con el que había soñado toda mi vida sin saber realmente si existía. Sentí satisfacción y felicidad desmedida por haberlo encontrado, aunque todavía no me lo creía. Fueron instantes de pura vida, de éxtasis y de saltos. Fue como una decoración de Navidad adelantada y llena de risillas inquietas en el corazón de la primavera.

Y, bueno, así me sentí:

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No podía elegir hacia dónde mirar o correr, aunque sentí que no hacía falta. Todas las opciones eran fantásticas. Recuerdo aquel momento como uno de mis preferidos. Me sentía a salvo, tranquila, emocionada y radiante. Quería silbar y bailar mientras el cielo despejado y lleno de historias me miraba. Como en una carrera repentina para las estrellas en el que no habían metas, punto de partida ni ruta.

Entré en un lugar lleno de gente, de amigos y de aventuras empezadas y por empezar. La ternura de la habitación me presentó un paraje abarrotado de risas y de música bonita. Tenía algo particular. Las paredes estaban llenas de placas metálicas con caras de artistas clásicos y habían pósteres por todas partes. Olía a bebidas exóticas y a chocolate derretido por la calidez de los relatos que podría haber explicado esa sala sin nada de imaginación. Había mucha gente interesante sumergida en charlas singulares. Se veían personas esperando y amigos bailoteando. Conexión y miradas descubiertas. Saltos y ojos cerrados a las distracciones. Complicidad y amores por confesar.

Intenté buscar un espacio en el que poder recomponerme y reírme un poco de lo que acababa de pasar sin dar demasiado la nota. Solamente quería disfrutar de ese entusiasmo mientras las carcajadas me cargaban de emociones. Me sentí vital y tranquila. Muy tranquila.

Fue entonces cuando me entraron unas ganas incontenibles de escribir.

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Y así lo hice.

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