Suficiente

Me gustaría hablar de las expectativas. De las expectativas propias y de las expectativas de la gente que nos rodea. Una carga de presión, prisión, y orgullo. Metas sin cumplir y sonrisas a las que les falta gasolina para seguir resplandeciendo.

No siempre resulta fácil distinguir entre nuestras auténticas metas y las de los demás. Listones demasiado altos o no tan altos pero despersonalizados. Un único camino correcto. Un manual de vida inexistente pero marcado con fuego en muchas, demasiadas y hasta en nuestra propia mente. Un esquema mental estandarizado que no entiende de gustos, aficiones, placeres ni nada que se le parezca.

Lo peor de todo es que cuando rompemos el circuito esperado, cuando nos salimos de lo que se espera de nosotros, nos sentimos perdidos, frustrados, fracasados y hundidos. Y entonces empieza el círculo:

No soy lo demasiado bueno.

Estoy decepcionando a mucha gente.

Quizás no soy tan inteligente como me pensaba.

Esto no va a funcionar. 

Y así es como empezamos a rebajar nuestros sueños. Rebajar sueños, así tal cual. Como en una tienda.

Así visto suena un poco mal, ¿no?

La verdad es que en ciertas ocasiones podríamos decirnos cosas más bonitas. Aprender a disfrutar de nuestras decisiones y de sus resultados es todo un arte. Confianza, satisfacción y orgullo. Eso es lo mínimo (y necesario) que tendría que invadir todas y cada una de las virutas de purpurina esparcidas en una persona que está siguiendo sus impulsos más sinceros y originales. Una persona que ha aprendido, o que se ha decidido a empezar a aprender, el arte de descifrar sueños y pasiones propias. Cueste lo que cueste.

Una fuerza sobrenatural rodeada de miedo y de demasiadas personas y comparaciones. Un entorno laboral frío y robotizado, vacío de sentimientos, en el que se nos aconseja borrar experiencias profesionales de nuestro currículum porque se salen de una trayectoria profesional ideal. Un juicio constante enfocado en el tiempo, en trajes y corbatas.

Hay que mantenerse fuerte (sea lo que sea que eso signifique para nosotros). Por nuestra calidad de vida. Por nuestra salud y felicidad.

Llevaba tiempo sin pararme a pensar en la importancia de las expectativas y no me ha hecho falta indagar demasiado para sorprenderme de cómo en estos últimos meses las expectativas de mi entorno y las mías propias han hecho que viva infeliz y angustiada. Como un camaleón vestido con un traje de camuflaje.

Y la verdad es que no está saliendo tan mal. Me atrevería a decir que estoy persiguiendo mi sueño más profundo e intenso. El que nadie entiende ni existe todavía completamente. Y está saliendo bien. Y no hay más. 

Después del susto que me he dado hace apenas unos minutos me gustaría remarcar la importancia de creer en nosotros mismos y en nuestro criterio, pasiones y aptitudes. Porque es demasiado fácil hacer lo contrario cuando nos salimos un poco o mucho de “nuestro camino”. Porque cada vez se me hace más obvio que el día a día se basa en un juego de azar y de intentos.

Y hoy va por vosotros, por todos nosotros. Por los que nos salimos de lo estandarizado y perseguimos algo que no sabíamos ni que existía y por los que se han decidido a empezar a hacerlo. Por pintar con autenticidad y ganas nuestro lienzo sin espectadores ni admiradores, solamente por el placer de contemplarlo.

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