Mi hogar

Está lloviendo.

Hace frío.

Y me encanta.

No hacía tan siquiera una semana desde que había llegado a mi futuro nuevo lugar, mi nuevo hogar, aunque si así lo iba a ser o no todavía no lo sabía nadie. Tan siquiera yo.

Llegué allí al mismo tiempo que decidieron hacerlo el frío y los primeros aires otoñales. Un contraste advertido de antemano pero que, cuando se hizo notar, consiguió transportarme a recuerdos guardados en archivos perdidos por algún recoveco de mi mente.

Olvidados. 

 

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Me tenía que comprar un abrigo nuevo. Sin duda, esa era una de las primeras misiones que no podían esperar demasiado.

Y Zapatos.

La misión “encuentra tus zapatos” tampoco podía esperar mucho tiempo.

Si hay algo en este mundo que nunca me cansaría de comprar, ese algo o “algos” serían abrigos. Estilosos y entallados. Largos y calentitos. Oscuros y con colores lisos pero, eso sí, a juego con unos zapatos adapta situaciones. Un estilo clásico pero elegante, profesional y femenino.

Paredes blancas y espacio medio por llenar. Un lienzo blanco en tres dimensiones esperando a ser rellenado de recuerdos, emociones, detalles, personas, flores y suspiros bonitos.

Llevaba soñando con ese momento desde que empecé a ver jugar a mi mejor amiga, a mi mayor referente de la infancia a ese juego con el que podíamos pasarnos horas con los ojos enfocados sin pestañear, “Los Sims”. Una silla a su derecha y otra a su izquierda. Sin duda alguna, no existía mejor punto estratégico para que su hermano y yo nos acomodásemos y aprendiésemos a dar rienda suelta a nuestra imaginación que sentados a su lado.

Ahora era una realidad. El frío vino acompañado de cambios soñados y de nervios, adrenalina y magia. Sensaciones nuevas. Demasiadas emociones y pensamientos posibles para una nueva vida enfocada a la aventura y a lo desconocido.

Y expectativas.

Muchas.

Y no todas mías.

Desconocido e incierto pero familiar y capaz de hacerme sentir en mi hogar, como nunca antes lo había sentido, incluso antes de que así lo fuese. Curioso y precioso. Y es que las personas indicadas pueden hacernos sentir en casa incluso mucho antes de que así lo sea.

 

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Y sí.

Esos aires otoñales siempre me transportarán a un momento único, rodeado de unas personas que desbordan encanto, contrastes, ternura y calidez en dosis incalculables.

 

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