Ese verano

Todavía recuerdo aquella tarde de verano.

 

Vistas privilegiadas, clima ideal y entorno físicamente perfecto.

 

Todo empezó después de aquella llamada, de aquella avalancha de emociones, pensamientos y recuerdos. Mi “yo” pasado y mi “yo” presente estaban ahí, cara a cara y frente con frente.

Acababa de vivir los mejores meses de mi vida en una ciudad realmente mágica, llena de vida, de pasión, de libertad, de descubrimientos y de una infinidad de sentidos inexplicables. El primer día en semejante paraíso todavía me resultaba entrañablemente fresco. Sin duda alguna una inyección de razones por las que suspirar sonriendo o sin sonreír.

Y allí estaba su voz. Esa voz. La voz de la amistad, la de los recuerdos dulces y bonitos. La melodía de las carcajadas inacabables, de los ataques de risa responsables de esas temibles pero placenteras agujetas. La voz de los recuerdos, de nuestros recuerdos.

Recuerdo que en ese momento me hubiese gustado darte el abrazo más fuerte del mundo, de llorar un poco mientras me cogías de la mano y de hablar mil horas seguidas en nuestro lugar preferido o, bueno, en cualquier otro sitio con o sin aquellos croissants de chocolate acompañados de un chai latte bien espumosamente calentito. Canela y chocolate fundido, tostado al momento, como nos gusta.

 

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Recuerdo recordar incluso lo irrecordable y, de hecho, todas aquellas sensaciones vinieron solas, incluso antes de la llamada, de aquella conversación. Un cambio de vida, el segundo o tercero o quién sabe qué número. Un cambio de rumbo y de metas todavía difusas entre las páginas de aquella libreta.

Al día siguiente volví a estar ahí, en ese mismo sitio, en esa misma silla, con esas mismas vistas y con esas mismas flores. Todo era aparentemente igual pero notoriamente distinto. Las decisiones conllevan cambios y un gran cambio implica volver a vivir esos recuerdos, volver a experimentar esos sentimientos, retomar el arte de perderse entre la confusión, entre el orden y el desorden de un rumbo desdibujado.

Y ya desde ese momento supe que no te podría volver a echar de más pero sí mucho de menos. Y bueno, lo acepté o, al menos, intenté hacerlo. Eso sí, siempre estarás conmigo, camuflada entre las comisuras de mis recuerdos, bailando y viviendo con ese arte que tanto me chifla.

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2 Comentarios Agrega el tuyo

  1. Recuerdos de un pasado, cargados de romanticismo, en una prosa poética que invita a leer, y releer.

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    1. Un comentario muy bonito. ¡Muchas gracias!

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