Ochenta y cien

Pues nada, aquí estoy yo.

Sentada. Debatiendo con o contra mi consciencia y embobada con quién sabe qué. ¿Acaso importa?

Llevo una hora dibujando ticks y cruces; llevo días aturdida, perdida y achocolatosamente derretida.

Estoy mirando una lista escrita sin previo aviso ni encargo. Aquí estoy, pensando en números y cosechando palabras sin regar que tienen más sentido para mí del que deberían.

Me siento inspirada pero reprimida; dudosa pero decidida. Suenan notas dulces, aunque bueno, pfff…

Impaciencia.

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¡Madre mía!

Ayer eran setenta y tres; mañana serán historia o no, o tres o sí o “tal vez yo que sé” ¿Tú qué crees?

Una lista que así vista da penilla la pobre. Una hoja de revista; un folio arrancado de alguna libreta sin anillas. Bordes rotos y revueltos, una cuadrícula de trazos potentes, un folio arrugado, lleno de dibujos momentáneos y de tachones fantaseados que bien podrían ser reliquias de algún museo egipcio muy pero que muy perdido. Me gusta todo lo todible y me sorprenden los pliegues de esas historias intensamente vividas y por nadie entendidas.

Perdidísimo.

 

Una botella de ideas, un enfrentamiento y demasiados pensamientos jugando a ahuyentar todos los malos sentimientos. Un plato con migas, algunas virutas de papel cortadas a mano y ninguna tijera; una ventana que juega a ser algo así como un reposa suspiros improvisado (y bastante apañado, por cierto) y una cotilla soplidos sentidamente sentidos.

Ochenta y cuatro requisitos.

Me acabo de dar cuenta de que sus dos números son pares pero… ¡Faltan las flores! ¿Debería eso valer menos treinta?

Cumple la mayoría de ellos, me ha inspirado para dar con muchos de ellos, la verdad. Todavía no entiendo cómo me puede dar tanta rabia.

Me enfurece pero me estremece. ¿Qué diablos? Una sueña ojos, una canta pocos y una cuenta encantos. ¿A esto hemos llegado? No sé si reírme o asustarme de mí misma, así que me quedaré con las dos opciones. 

Lo peor es que no paro de pensar en nuevos números. Si esto sigue así mañana, como mínimo, habremos llegado a los ciento uno.

¿Cuál es el límite? Es mas, ¿Hay límite? No paro de reírme de mí misma; no se me había ocurrido nunca que me daría por crear una lista improvisada de requisitos por cumplir.

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¿Un chico perfecto? El mío tiene 84 peculiaridades. Ayer tenías menos y sé que mañana tendrás más.

Que sepas que te odio por llegar sin avisar.

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